FRAGMENTOS DE 1 PEQUEÑO MANUAL
Me he enamorado x fin.
Estoy enamorado de |•, y ahora cobra sentido porque también de mí. Llevo mucho tiempo sin quererme bien. Hoy he tapado todas las ventanas del estudio. Me he hecho 1 cigarrito, me he desnudado, y me he hecho una paja sobre las tetas q pinté. Después he cerrao los ojos. Me he levantado, me he preparado 1 kalimotxo y me he puesto a escribir esto, porque he sentido amor. Como cuando estoy con |•, pero yo solito.
Me he enamorado de mis labios rojos, mi piel, mis ojos verdes, mis dientes, mi nariz, mi forma de fumar. Mi olor. Incluso he meao en 1 vaso y no olía mal. Qué más le voy a pedir a la orina xd.
Estoy en 1 post-éxtasis, y he entendido a |•. He entendido porqué está enamorada de mí. Porqué le gustan mis labios, y mi lengua en su boca. Y mis ojos. Y mis dedos. Y que le pegue en la cara mientras cierra los ojos y me pone esa carita de vas a hacer q me corra. No hay nadie más q pueda como tú.
Siempre he sido muy competitivo. Tanto que siempre he querido ser el mejor sexo q haya tenido en su vida. Pero ahora soy consciente de que ella nunca ha tenido sexo como el nuestro. Ni es el mejor, ni es el peor. Simplemente es diferente porque tenemos mucho del ingrediente secreto. Y eso no es fácil de encontrar. De hecho hay gente q muere sin haberlo encontrado. Por ello soy dichoso.
Todo cobra sentido. Marcho q ando liado conmigo, igual hasta me hago otra paja 😉
”Necesito hablar”. Llevo tiempo sin valorar la posibilidad de volver a tratar el tema del desnudo. Pero acabo de caer en una cosa. Veréis, cuando una persona está al borde del suicidio, la frase que (según mi criterio) mejor contibuye a evitarlo es: “necesito hablar”.Yo no soy suicida, me acerco al suicida, y le digo “necesito hablar”. ¿De qué va a hablar este? ¿Cómo que necesita hablar? Hay cosas más importantes que él, y más ahora.Pero es que ayudar es la salida. Siempre será la meta. Porque no solo tú y yo estamos en un proyecto común. Todos lo estamos. Y con “necesito hablar”. Le estás lanzando la mano, y diciendo, “bienvenido al barco de nuevo, te hemos echado de menos”.La liberación es un fin indispensable para el desarrollo de este texto. Acabo de leer Siddharta del pequeño Hesse. Y un nuevo mundo se ha abierto ante mis ojos. Como he mencionado varias veces previamente, el fin de este libro no es sexual. No obstante, en el fondo de mi mente; al final de mi cabeza, existía algo morboso. Algo que demostraría que yo tenía el poder sobre esa mujer a la que estaba desnudando. Pero ahora no es así. Ya que no tengo nada que demostrar si mi fin es vivir. Nuestro caso será una mujer, sí. Pero hombre, mujer, o lo que tenga que ser, habrá de ser irrelevante para el disfrute de este bello arte.
Yo solo trato de llegar a las raíces, ese es mi fin, y el sexo estará fuera de la cuestión. Es cierto que, para mí, es complicado mantenerlo fuera. Pero será un proceso de profundización como otro cualquiera, cuya consecución no alterará nuestra finalidad, siempre que un orgasmo tenga lugar. La katharsis siempre será necesaria. Veámoslo como una forma de romper el hielo, de inclinar la balanza. Y a esto me referiré durante las próximas líneas.
Besar tiene un valor adquirido inmenso. Hay eventos, como este en particular, en los que da exactamente igual dónde uno besa. En el cuello, en la oreja, en los labios, en el pelo, en el ombligo o en la rodilla. No hay nada necesario. Es más, cuanto menos control tengas sobre aquello que estás haciendo, más lejos podrás llegar. En este momento, queridos amigos, yo nunca había besado sus labios. Ella tampoco los míos. Y es cierto que pensé en ello. Pero no había un impulso, por lo que decidí prescindir de mi consciencia.
¡Los ojos! Los ojos, los ojos. ¡Mírame a los ojos! -le dije. Mirá con atención cómo dilata mi amor. ¡Mírame más fuerte! ¡Te quiero! Estaba tan eufórico que necesitaba saltar. Gritar y saltar. Porque esa bella sensación había llenado mi pecho. Qué placer respirar. Qué placer la luna. Qué placer mis ojos, mi nariz y su dulce boca que me había hecho resbalar en su dirección. Te quiero -le dije. Besé sus labios. Y seguimos caminando lentamente. Los dos (o al menos yo) nos esforzábamos bruscamente en no sonreir. Pero esa fuerza que subía a mi nuca al resistir la sonrisa me impulsaba demasiado lejos. Eso era felicidad.
Veréis, en este momento yo perdí mi rol. Me había abierto. ¡Le dije te quiero! Nos conocíamos de un par de horas por dios. Le había confesado algo que me hacía puramente vulnerable. Pero esto era necesario. Este no es un texto de conquistas. ¡No soy el más ‘machote’! No deseo sentirme orgulloso de mi azaña. Tan solo quiero conocer la forma más sincera de esta persona. Y para ello necesito conocer la forma más sincera de mí.
Echaba mucho de menos mi pasión. Los últimos meses solo asomaba estando borracho o colocado.